La metafísica contemporánea
LOS CONCEPTOS FUNDAMENTALES DE LA METAFÍSICA
Por
Sergio Iván Vera Ortiz
Si enlistamos los términos más importantes de la metafísica tendríamos que incluir en el rol los siguientes:
Ser
Nada
Existencia
Realidad
Devenir
Sustancia
Forma
Materia
El problema con cada uno de estos conceptos es que o bien resulta indefinible de forma general, o bien cualquier definición sería errónea. Sin embargo, valga el siguiente intento de delimitación.
El concepto más universal de la metafísica es el concepto de ser. Tal vocablo engloba a todos los demás, incluyendo paradójicamente al concepto de nada. Pero cualquier definición que diésemos utilizaría ilegítimamente tal palabra (El ser es …). Así que se debe intentar una estrategia en la que no caigamos en un círculo vicioso (o definición circular: usar en el predicado el sujeto de lo que estamos definiendo). Jean Wahl –después de realizar una revisión exhaustiva de las diversas modalidades de abordaje del ser a lo largo de la historia de la metafísica- llega a la conclusión de que es preferible hablar de un sentimiento de ser. El ser es eso que nos provoca una sensación de resistencia (algo externo, o nosotros mismos), pero también de duración y permanencia. Justo se arriba al concepto de ser al intentar proseguir la búsqueda de las permanencias.
UNA INTRODUCCIÓN A LAS DISPUTAS METAFÍSICAS
Por
Sergio Iván Vera Ortiz
Sabemos que fue Kant quien –en el siglo XVIII, en pleno auge de la Ilustración- le otorgó límites a la razón. Él reconocía que la metafísica era una actividad teorética necesaria pero imposible de colmar. Cierto es que las preguntas que se plantea la metafísica son indispensables para nuestra vida, pero jamás podremos resolverlas en virtud de que carecemos de los medios para responderlas. Este fue el ataque a la metafísica más destacado en la modernidad.
En buena parte de su desarrollo, la metafísica ha encontrado opositores; pero virtualmente siempre las objeciones o no fueron de peso, o fueron resueltas con relativa sencillez, o fueron dejadas a un lado. Sin embargo, el siglo XX prácticamente abjuró de la metafísica, y alzó los obstáculos más impenetrables, insuperables e insolubles a los que se haya enfrentado. Por ejemplo, para los positivistas lógicos, el pensamiento metafísico (en particular) y el filosófico (en general) son auténticos sinsentidos, productos de una mente febril que genera telarañas mentales. Y esto va a contrapelo de toda la tradición previa. Casi en todos los periodos de la historia de la filosofía, la metafísica (a veces denominada ontología) había gozado de alta estima, en términos generales. Siempre gozó de salud. Pero al finalizar el segundo milenio, cayó en descrédito, y buena parte de la reflexión del siglo pasado intentó recuperarse sin éxito alguno. ¿Quiénes creen en la metafísica hoy día? Si acaso algunos neotomistas trasnochados.
Si algo caracterizó la historia de nuestra disciplina fue el flagrante desacuerdo en todas sus áreas, incluyendo –por supuesto- sus definiciones más básicas. ¿Qué es el ser? Dudamos que alguien pueda contestar tal interrogante sin ser rebatido de inmediato por una horda de furibundos ortodoxos. ¿Qué sentido tendrá alguna forma de conocimiento si ni siquiera puede generar el más mínimo concepto respecto a sus conceptos capitales? Nótese que no estamos negando la importancia, la pertinencia o la existencia misma de un saber metafísico. Simplemente alegamos que es sumamente extraño que no haya consenso alguno en este campo, el cual describiría Kant como un campo de batalla. Más allá de la falta de acuerdos en lo fundamental, la metafísica se ve aquejada por una insólita –e incluso perversa- tendencia a comenzar cada vez desde cero. Es increíble que los filósofos en toda intervención clamen por renunciar a sus predecesores para construir de nuevo, desde sus cimientos, el edificio del saber. ¿Será esta una característica de la profesión?, ¿se tratará de una patología de la razón?, o ¿quizá es un exceso de soberbia tornada megalomanía? Sea cual sea la respuesta, el dato básico es que la temática filosófica está siempre en la incertidumbre total, en riesgo de desaparición y –no obstante lo anterior- siempre permanece incólume y omnipresente.
